The Blank Tapes, reminiscencias de una California mejor.

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El otro día leí que The Blank Tapes, la última banda que hemos descubierto y que nos tiene obsesionados, “suenan como si a The Archies les hubiera escrito las letras Lou Reed“.

¡Bam! El culo torcido. Después de haber pasado buena parte de la tarde buscando la mejor manera de expresar a qué sonaban The Blank Tapes – reminiscencias de sonido rock-psicodélico de bandas de los 60´s y 70´s – nos lo habían descrito perfectamente en tan solo una frase.

The Blank Tapes es una banda fundada en 2003 por Matt Adams, echando a andar con “Country Western Honky Tonk Saloon Blues“, un disco puramente Lo-Fi, soleado y risueño que mostraba todo tipo de despreocupaciones. Desde entonces ha creado toda clase de piezas que se acercan a la psicodelia y el surf de la costa de California, fusionándolos con garage, folk e incluso pop.

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Avanzando en el tiempo, grandes trabajos como “Home Away From Home” dieron muestras de cómo lo suyo estaba centrado en el agradable influjo de los sonidos sixties muy centrados en el surf, para que todo aquello de la vida en la playa adquiriese su máximo significado. La banda cuenta con más de 17 álbumes hechos al más puro estilo “do it yourself” de grabar en garajes, sótanos o recámaras, pero también con algunos sellos independientes con los que pudieron acercarse a un estudio de mayor profesionalización.

Ahora llegan con “Ojos Rojos“, el nuevo disco que acaban de estar presentando por nuesto país. En este disco nos encontramos canciones muy pasionales, sumergidas en la última etapa del grupo en la que la luminosidad queda atrapada en los enseres de la vieja casa de verano. Buena muestra de ello son temas como ‘LA Baby’ o ‘Let Me Hear You Rock’, donde las melodías se magnifican hacia el lado de lo amoroso.

 

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Orgulloso de ser un Smith: 30 años de “The queen Is Dead”.

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No recuerdo cuando fue la primera vez que escuché a los Smiths.

Tuvo que ser en Florencia, de eso estoy seguro, porque recuerdo perfectamente ir escuchando el The Queen Is Dead en el avión de camino a España. Y desde entonces siempre me ha acompañado allá donde he ido. En cada momento siempre ha estado presente de alguna manera.

Por ejemplo, si echo la vista atrás, uno de los primeros discos que pude escuchar en vinilo fue precisamente este, gracias como no a mi hermano Monty, que lo trajo una tarde recién sacado del trastero de su casa para escucharlo junto a otras “joyitas” que por allí almacenaba (cervecita en mano, obvio).

Tranqui bro, aquí espera tu regreso para volver a escucharlo una vez y otra vez y otra vez, …

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También recuerdo haber vuelto a Italia y haber podido ver en directo y muy de cerca a Johnny Marr (no es Morrisey, pero el tío lo petó) interpretando una de las canciones más bonitas jamás escritas: ‘There Is a Light That Never Goes Out‘. Lugar mágico, compañía inmejorable, … en definitiva, fue un concierto muy especial.

Se funden los recuerdos de las canciones salvo ese momento, esa canción… Quedará perfectamente guardado en mi retina para siempre, porque las letras de los Smiths nos hablan de aquello que de verdad nos importa.

Hace casi treinta años (por unos días) The Smiths publicaban su primer disco. Uno de los mejores álbumes de la década de los ochenta y, por qué no decirlo, de todos los tiempos.

Hace casi treinta años que se pudo escuchar por primera vez esas vocales extrañamente moduladas al final de las frases.

Desde hace casi treinta años podemos entender (o no) esas letras ambiguas, inquietantes, frenéticas, liberadoras.

Treinta años, sí.

Dicen por ahí que eres lo que escuchas. Me siento tremendamente orgulloso de ser un Smith.

 

Bendito Strange Paradise: Beach House en Freiheiz, Munich.

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Beach House.

Sabíamos a lo que veníamos. Beach House es una de esas bandas que a base de una trayectoria impecable e una inquebrantable fórmula personal, se han ganado el que título de triunfo asegurado en todas y cada una de sus actuaciones.

Aun temblando por los atentados de hacía unos días en París, y con unas medidas de seguridad algo más exhaustivas de lo normal, llegaron el pasado día 17 de Noviembre a la sala Freiheiz, en Munich, dispuestos a revalidar ese título. Los de Baltimore (en toda crítica musical que se precie ha de usarse esta expresión), llegaron en medio de una gira europea (“we really like touring this long”, ironizaron), y en pleno apogeo creativo de la banda. Dos álbumes editados con un mes de diferencia, los celebrados Depression Cherry y Thank You Lucky Stars, dan buena muestra de ello. A pesar de la cantidad, la calidad no se resiente: repetición de la formula etérea pero contundente que los ha llevado a ser uno de los grupos más personales y evocadores del panorama actual.

El punto menos destacable de la noche no pertenece ni siquiera al concierto en sí: el poco acertado telonero que les acompaña, un monotono Dustin Wong, que sintiéndolo mucho por sus fans, pareció que su actuación solo sirviera para hacer aun más grande a la esperada banda principal.

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Photo by Javi Mulhollan.

Cuando el órgano de Victoria Legrand empezó a lanzar sus primeros acordes eternos y ensoñadores, el público se entregó con un respetuoso silencio y vaivén marino, y consiguiendo desde el minuto 0 lo que  ‘Levitation’, su primer corte, proclama en su título.

Si había algún espectador que no hubiera entrado todavía en el concierto, el traqueteo de ‘Walk in The Park’ hizo el resto. Primera muestra de ese disco para la historia que es Teen Dream.

Con estos dos primero temas en la mesa, muestra de lo nuevo y lo no tan nuevo, ya era augurio suficiente de un éxito seguro. Continuaron desgranando sus nuevos álbumes con ‘PPP’ (suponemos que acogida con cierto recelo por el público español) y su sencillo pero épico punteo, y ‘All Your Yeahs’ (titulazo, ¿verdad?).

Con Beach House pasas esto de que los hits se vuelven algo subjetivo y personal de cada uno. El nivel apenas deja que en discos como Bloom y o el mencionado Teen Dream, veas destacados los llamados a ser singles. La desgarradora ‘Silver Soul’ fue uno de los primeros reconocidos como tal por la sala. Final tremendo en el que la cantante se deja llevar a golpe de melena y órgano hasta el apogeo. (“It is happening again, AH-AH”)

Llegados a este punto, las cabezas no se pudieron resistir al torbellino ascendente e infalible que es ’10 Mile Stereo’ y su de nuevo final por los cielos gracias esta vez a la batería mas protagonista de todo el concierto. No suele faltar en sus shows, y con razón.

Prosiguieron la atractivamente arrítmica ‘Sparks’ y una ‘Majorette’ envuelta toda ella en ecos de los mismísimos My Bloody Valentine. Con ‘Bluebird’ algunos aprovecharon/amos para ir al baño en previsión del final que se acercaba.

Antes del nebuloso y optimista bis (‘Beyond Love’ y la preciosa guinda final que fue ‘Somewhere Tonight’, extraída del último álbum), llegó EL momento. Un acorde de órgano reconocido por todos los presentes nos presentaba a la siempre aparentemente inocente y recatada ‘Irene’. Si en el disco consagración de la banda como es Bloom, ya consigue al final que su nota pase del 9,5 al merecido 10, en directo se convierte en una cadena que te agarra el alma, te zarandea y te arrastra con cantos de sirena hacia las rocas. Todo esto entre lágrimas de rabia. Luces dadas y caras iluminadas bajo los incesantes “This strange paradise”.

Y ya está. Nos emocionaron y como llegaron se fueron. Modestos pero deslumbrantes. Fieles a su estilo y manteniendo durante todos estos años una regularidad difícilmente igualable por la mayoría de las bandas que los rodean. Haciéndose un hueco entre las partes altas de los festivales de medio mundo pero apartados de vaivenes de las modas y tendencias. Los reyes de Dream Pop, ni más ni menos.

Bendito Strange Paradise.

Por Javi Mulhollan.

Lunecesito Cachito’s: Hawaiian Gremlins. Bermudas y Bathroom Pop.

Hace ya un tiempo que decidimos sumergirnos de lleno en la escena indie sudamericana, una escena cuanto menos prolífica de la cual están emergiendo grandes bandas de pop independiente cantado en español. ¿De repente? No del todo, es la consecuencia de 10 años de trabajo oculto. Gente como Javiera Mena, Adanowsky, Bomba Estéreo, Astro, Boogarins o Dënver,por citar solo unos pocos, son la vanguardia de una ¿escena? demasiado desconocida, hasta ahora.

Hete aquí que, en nuestra apasionante búsqueda de nuevas bandas que puedan llegar a estar en lo más alto en cuestión de un par de años, tope con uno de esos grupos que te tocan la fibra desde un primer momento. Quizás sea porque heredan y transforman sonidos y estilos que siempre me han llegado. O quizás por sus letras letras tristes y nostágicas, no sabría decir. El caso es que estos 3 chavales de apenas 22 añitos ya están petándolo bastante no solo en su país de origen, sino a través del mundo.

No, no vienen de Sudamérica, sino de Centroamérica o Norteamérica, según se mire. México D. F. para ser más exactos.

No, tampoco cantan en español. Lo hacen en inglés.

Y no, desde luego no hacen Pop. O no pop como tal.

Hoy os traemos una de esas bandas de las que creemos –y esperamos- tengan una larga y prometedora carrera. Ellos son Hawaiian Gremlins y,  a pesar del nombre, tampoco puede decirse que hagan música Surf. Eso sí, las camisas floreadas nunca fallan.

Con un sonido New Wave ochentero y melancólico, este proyecto de Shoegaze y Pop Lo-Fi consiste básicamente en guitarras con mucho reverb, batería con caja de ritmos o programaciones y letras tristes y nostágicas – según hemos podido saber, ellos prefieren denominarlo ‘sonido acuoso, como de baño’, de ahí que se definan dentro del género Bathroom Pop -. Canciones que producen empatía, frescos y lejos de lo tropical que su nombre indica. Llegados desde el lejano México DF ya se han ganado el corazón de más de uno en la redacción de Cachito’s Sound.

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De primeras nos ha venido a la mente unos Joy Division con un Ian Curtis más pausado y con bermudas, o quizás unos The Jesus and Mary Chain sin tanto ruido, muy “limpios”. En definitiva, un sonido Lo-Fi extraído de la imaginación de un grupo de chicos que rondan apenas los veinte años.

Según hemos podido leer, este sonido no fue creado a propósito: “La mayoría de nuestras bandas favoritas son de otros países, tal vez por eso lo que hacemos salió de manera natural. Generalmente trabajamos todas las cosas los tres, es bastante adolescente el asunto. Cuando grabamos el EP veníamos de una época bastante estúpida, Santi apenas había cortado con su novia y nosotros estábamos perdidos en el limbo de la existencia. Las letras salieron de manera instantánea, no tienen un formato en específico. No es que seamos súper tristes, todo es una diversión para nosotros”.

Sea como sea, a nosotros nos encantan y vamos a seguirles la pista muy de cerca. En su corta carrera tienen dos EP: Teenage Ways (2013) y Girls (2014), respectivamente. Y este otoño llegará su primer LP, del cual ya han dicho: “Está mucho más oscuro, más denso, sí está medio pesado el disco, no estoy seguro de que le vaya a gustar a la gente pero sí seguimos apegados a esta onda británica de los 80 oscurona como al Three Imaginary Boys, el primer disco de The Cureestamos nerviosos de si es que va a gustar, pero hacemos la música que nos gusta a nosotros”. Y eso a nosotros también nos gusta chicos.

Te molarán si escuchas:

Un Mundo Feliz: Blaue Blume.

Con nombre alemán pero con origen escandinavo, este grupo de Copenhague recoge esos arquetipos que se le pueden encajar por el tópico literario de mismo nombre: Blaue Blume.

Su traducción del alemán es Flores Azules, que le va como anillo al dedo a esa suavidad que consiguen de melodías perdidas, una tras otra. Fluctuaciones en la voz, llegando a casi a gorgoritos, que rompen con el muro de sonido casi indefinido. Suenan como esas pequeñas cascadas o escorrentías sutiles de agua fluyendo, que al llegar a un obstáculo lo rodean con gracia, sin descomponerse, pero haciéndose notar.

El grupo agrega: “Creo que tenemos una buena cantidad de nostalgia corriendo en nuestras venas estos años”. Son jóvenes, y ello cabe en momentos en los que los símbolos marcan las sensaciones y formulan las expresiones – reminiscencias de un pasado periodo artístico en siglo XIX, Romanticismo. Si sentimos el anhelo de algo imposible a nuestro alcance pero eso nos hace arder por dentro, si la distancia nos crea ese trecho infranqueable entre el amor, o nos encontramos ante un campo de flores azules en la Europa Central: entonces podemos tatuarnos con letras – azules a ser posible – el tópico simbólico Die Blaue Blume.

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Integrados como pequeña aparición en la nueva onda post-punk danesa, su sonido es muy deudor de artistas como Jeff Buckley, The Smiths, o de la “pequeña” discografia 4AD, perteneciente a la discografía londinense Beggars Group, (que contiene Rough Trade Records, o Matador Records), cuya fundadora fue aquella tienda de discos Beggars Banquet allá por el 1973 en Earls Court, Londres.

Volviendo a ellos, han comentado: “Realmente nos esforzamos para sonar lo más atemporales posible”, aunando aún más en esas características que parece que, a fuerza de repetirlas, catalogan a estos grupos del norte europeo. Se encuentran trabajando en su primer trabajo y  de momento solo tenemos varios EPs.

Apliquémonos este concepto de otra manera, busquemos el amor a lo que nos rodea, a lo que somos y por ende, a uno mismo. Por otro lado, la atemporalidad, la quietud y la serenidad para ello; de eso se encargan Blaue Blume.

Lunecesito Cachito’s: Fading Frontier, Deerhunter lo han vuelto a hacer.

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Deerhunter
han vuelto, y como empieza a dejar de ser noticia, con un álbum maravilloso debajo del brazo. Un LP que incorpora nuevos sonidos e influencias a su repertorio, y que lo hace de manera magistral. Microcastle y Halcyon Digest fueron ejemplos de la psicodelia más atmosférica, mientras que Monomania hundía sus raíces en un sonido Nueva Orleáns que bebía – y no poco – del blues. En este nuevo Fading Frontier, el pop se ha cruzado en la senda de los Deerhunter, y de su encuentro amoroso ha nacido un álbum sumamente interesante. Influencias como las de R.E.M, Neruda, Tom Petty, Huidobro, Almodóvar, Al Green y Tears for Fears – todas ellas en su mapa conceptual http://deerhuntermusic.com/ -, unidas a su propia “mochila” musical han alumbrado un Larga Duración imprescindible.

Fading Frontier es un álbum con dos caras, las de las “nuevas” influencias y las “viejas” querencias de los norteamericanos, que pugnan por hacerse más audibles a medida que transcurre el disco. Hay en el LP un primer bloque conformado por temas como ‘All the Same’, ‘Living my Life’ o ‘Snakeskin’, en el que estas nuevas influencias más cercanas al pop ganan la partida y forman canciones luminosas y suaves. Un segundo grupo de canciones-empate también es visible – escuchable – en Fading Frontier cuando ‘Breaker’ o ‘Duplex Planet’ ocupan el reproductor; son temas en el que ni psicodelia ni pop se llevan el gato al agua, y en el que las reminiscencias de discos anteriores están muy presentes. Finalmente, un último bloque en el que ‘Ad Astra’ es la reina indiscutible –y ‘Leather and Wood’ una perfecta escudera- se centra en la creación de atmósfera más cercana a la psicodelia, un terreno en el que los de Atlanta han demostrado moverse como peces en el agua desde hace tiempo.

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Deerhunter ha incorporado además a su repertorio una suavidad de la que les conocíamos capaces pero en la que no se prodigaban. El triplete inicial, ‘All the Same’ ‘Living my Life’ – ‘Breaker’, es el mejor ejemplo de ello. En los tres temas la psicodelia pasa a un segundo plano y los tintes de pop cobran fuerza. Más luminosos que de costumbre, se complementan con ‘Duplex Planet’, cuarto artefacto de Fading Frontier, que comienza la lenta degradación hacia la creación de la atmósfera.

Bajando las pulsaciones poco a poco Deerhunter se adentra en ‘Take care‘, primer tema en el que la psicodelia gana la partida – por poco – y la burbuja empieza a formarse. Con un último minuto instrumental fantástico, es inevitable dejarse envolver por la sutileza de los de Atlanta. En la misma línea sutil, casi desidiosa, entran en ‘Leather and Wood’, el tema más Halcyon Digest de este nuevo álbum; es un corte tan capaz de sosegarte como de inquietarte, todo depende del punto en el que fijes tu atención.

Y con la burbuja formada y la atmósfera a tu alrededor, los norteamericanos se descuelgan con ‘Snakeskin’, que retoma la estela del inicio luminoso y pop del disco. Y tras ella, ‘Ad Astra’, de nuevo una composición de atmósfera y profundidad; un artefacto al que no puede reprocharse ni una coma. Una pequeña maravilla que habría sido el colofón perfecto al ambiente conformado por ‘Take care‘ y ‘Leather and Wood’, y que detrás de ‘Snakeskin’ pierde fuerza.

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No nos entendáis mal, ‘Snakeskin’ es un corte fabuloso, en el que resuena Monomania y aquellas influencias New Orleáns que tanto nos gustaron. Pero su lugar en el disco no es el idóneo. Con la atmósfera creada por ‘Take care‘ y ‘Leather and Wood’,  ‘Snakeskin’ te saca de la ensoñación y te devuelve a la primera parte del álbum, a esa mezcla de pop y psicodelia que no consigue –de hecho no lo pretende- elevarte y evadirte. Seguramente su inclusión tan tardía, en una fase del álbum que no le corresponde, sólo responda a un intento de dar velocidad a la segunda mitad del EP claramente formada por temas más lentos y profundos.

Sea como fuere, una vez pasados ‘Snakeskin’ y la joya que es ‘Ad Astra’, sólo queda disfrutar de ‘Carrion’. Deerhunter despide su último disco con un tema que reúne, en 2.58, la esencia completa del álbum. Que aúna psicodelia, pop, Microcastle, Halcyon Digest, Monomania, luminosidad y burbuja; un último corte que sólo te deja con ganas de más.

Por Alejandro Zapa.

Un Mundo Feliz: Agnes Obel.

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Mírala. ¿Consigues adivinar su edad?, porque yo no. No hay arrugas en su rostro, pero tampoco su tez es cálida o sonrojada. Será que el viento frío no ataca el cutis igual que el incisivo sol. No curte. Unos ojos color azul gélido que no mienten sobre su origen. Se cubre, se protege. No te dice nada, ¿no? No es solamente eso, porque escuchando su música tampoco conseguirás ubicarla en el momento actual. Y entonces he aquí una característica que se nos repite en el conjunto escandinavo hasta ahora: la intemporalidad.

A pesar de esa intemporalidad, tiene presencia; pero eso no consigue alejarla de otro apelativo: intimista.

Lo que tenemos aquí es una joyita de la música escandinava, Agnes Obel. Con treinta y cinco años ya ha recibido varios premios por los, hasta ahora, dos álbumes: Philharmonics (2010) y Aventine (2013). Nacida en Dinamarca, ya desde pequeña bebió de las influencias familiares: un padre que coleccionaba instrumentos y una madre, pianista brillante a tiempo parcial.

Pequeña rebelde, siendo adolescente tomó parte en una película de bien galardonado director danés Thomas Vinterberg; a la edad de diecisiete años abandonó el gymnasium para buscar su camino en la música y el sonido. Sus padres querían que el jazz estuviese presente en su repertorio, tampoco aquello le encajó.

Y siguió avanzando. Cantante y pianista, además de compositora, reside en Berlín desde hace varios años. Quién sabe si su personalidad no era tan escandinava, no encajaba en la sociedad. Los datos son que vive bien acompañada de un caballero que, además, dirige y crea sus videoclips.

La música clásica fue su formación, y de ahí fue derivando en varias influencias como Erik Satie, Leonard Cohen, o John Cale. Esto y lo otro, mezclado con ese jazz intimista y más adorable, que al fin fue asimilando, Jan Johansson por ejemplo, fueron sus fuentes.

Ella desarrolla ese pop de cámara, reproduciendo una música que parece querer parar el tiempo. Cambiar de ciudad, a Berlín, con lo que eso conllevó: sin lazos y fuera de su zona de confort le llevó a expresarse componiendo y a recurrir a los pianos y órganos. Similitudes encontramos varias, entre ellas Damien Rice, Anna Calvi, Ane Brun o los primeros discos de José González, por decir algunos.

Querer beber de tantas fuentes y tan diversas quizá cree un distanciamiento de tu música respecto del momento en el que vives. ¿Serán las ansias de saber?, ¿Cuántas más influencias echas en tu saco musical mejor?, ¿Acaso podría ser esto un lastre para tomar una línea en un género; desmarcarte y ser único?

Contacto y frialdad, a partes iguales, acercándose con cuidado y un respeto máximo. Cada hilo de notas está medido y sigue una línea nada improvisada. Nos tememos que también esta artista tiene bien creada una imagen que mostrar, en cierta manera, un concepto.

Un Mundo Feliz: Harbour Boat Trips. Copenhague by Trentemøller.

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Hoy presentamos un paseo virtual por uno de los paisajes más enigmáticos de la estructura urbanística de Copenhague, su harbour.  En él se puede observar la evolución de la sociedad danesa durante el último siglo a través de sus estructuras industriales abandonadas, casas de ladrillo visto a dos aguas o sus edificios modernos al más puro estilo escandinavo. Ese paisaje enseña una realidad que continúa desde los tiempos de Christian Andersen, una realidad de contradicciones ensambladas en un maravilloso circulo armónico. Una realidad de perfeccionismo, de método, de honor y patria, de alcoholismo, de creatividad, de soledad, de una fuerte clase media acomodada o de la aparente aceptación del ser.

En una de mis búsquedas por la música escandinava, llegó a mí (o yo llegué a él) una recopilación de canciones realizada por el productor danés Trentemøller inspirada en el paisaje del harbour de Copenhague. Trentemøller  es conocido por ser uno de los productores daneses más importantes contando a sus espaldas colaboraciones con gente como Royksopp y The Knife. Además, también es conocido por sus remixes a grupos de la talla de Franz Ferdinand, The Do, Unkle o The Raveonettes. Dicha recopilación de canciones, esta compuesta por un ecléctico conjunto de grupos de diferentes nacionalidades con la intención única de crear la situación ficticia de un paseo a través del harbour de Copenhague. Para ayudar a nuestras atrofiadas capacidades de imaginación, apoyamos la escucha con una seria de fotografías realizadas para un concurso de arquitectura. En lo musical, podrán encontrar todo tipo de grupos donde cabe destacar la incorporación de Beach House, The Brian Jonestwon Massacre o Caribou remezclado por Four Tet. En lo visual, podrán ver diferentes ambientes que conforman el paisaje del harbour, su luz, sus texturas y sus tiempos. No aportamos nada más y simplemente dejamos que disfruten de este paseo virtual.

Un Mundo Feliz: Efterklang

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He aquí una banda. Formada en Copenhague, en el año 2000. Efterklang, cuyo significado, reverberación, incluso rememorar, proviene de la lengua nativa de sus componentes, el danés.

Por discografía, el grupo lleva ya cuatro sólidos discos en mochila, pero no es sólo eso. Hay que contar con varios proyectos diferentes a los álbumes: en lo musical, artístico o visual. Son definidos como electrónica folk ambiental, cercanos a grupos como Sigur Rós o Jónsi & Alex, y con claras influencias de grupos como Radiohead. Su etapa musical les está llevando en una única línea melódica, focalizando en ella y con su arreglo correspondiente, en lugar de  multitud de ellas dentro de una misma composición, como en sus inicios.

El primer punto para definirlos es inquietud. Ellos mismos han declarado el privilegio que supone tener acceso a tanta variedad de posibilidades hoy en día: sonidos, instrumentos, métodos de grabación, etc. Por ello, la experimentación está presente desde el primer momento que empezaron. En su primer disco, Tripper (2004), no descartaron ninguna herramienta que pudiera darles un ruido, una nota.

De ahí salió algo electrónico, pero también con arreglos de cuerda, coros femeninos perdidos detrás de la base musical, scratching con CD’s,… Esto será ese muro de sonido que les caracterizará durante su evolución. Un integrante declaró: “Como nunca habíamos hecho un álbum antes, experimentamos con todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Nos pusimos de acuerdo en no descartar ninguna idea”.

Para el segundo disco, Parades (2007), fueron más allá. Ambiciosos, este sería el segundo punto que les define: la grabación duro 18 meses y contó con más de 30 músicos invitados, entre ellos un cuarteto de cuerdas, un quinteto de metales y tres coros diferentes. Incluso un salón de una iglesia se utilizó para recrear el ambiente y el espacio de la vida real. Su alcance fue mayor, y esa repercusión supuso poder rodearse de un gurú de todo eso en lo que se movían: el productor británico Darren Allison, participe con My Bloody Valentine, en Loveless, o con Spiritualized en Ladies and Gentlemen We Are Floating In Space.

Entre este amplio abanico de expresiones mostradas, nos quedamos con la tercera característica que la banda visita reiteradamente: la nostalgia, la melancolía. Sin salir de las tonalidades del gris, revisionando el pasado. Unas notas oscilantes que se extienden en el tiempo, añoranzas a otro tiempo, a través de instrumentos de cuerda, piano u otros artilugios.

A partir de este segundo disco, incluso durante su grabación, numerosos proyectos tienen lugar. Y con ello llegamos a la cuarta característica: perfeccionistas. Llevado a cabo por un lado siendo acompañados por la Danish National Chamber Orchestra, reproduciendo su disco Parades en su totalidad en el Concert Hall de Copenhague en 2008, produciendose Pefoming Parades (2009). Y por otro, desembocó en un pop orquestal en el más puro sentido del concepto en: The last concert (2014) con South Denmark Philharmonic, y grabado por Vincent Moon, quien entre otras cosas fue principal director de Blogotheque’s Take Away Shows y con el que también grabarían An Island (2010), una película musical con el regreso a la isla donde crecieron.

Y repetimos: inquietos. Dispuestos a jugar en otros terrenos, cargados de aparatos de grabación, se fueron a capturar sonidos a Pyramida, un abandonado pueblo minero del Ártico. Y de ahí se capturan ecos, crujidos o ruidos que aparecen dispersos por todo el álbum: Piramida (2012). Su último álbum hasta la fecha, y ya por una línea algo más melódica que en los primeros trabajos.

Porque es así como en el norte, esa mirada a la ventana nos proporciona una visión variante: el tiempo cambia constante, oscilante. Las nubes pasan, no dejando tiempo al sol para calentar, para sacarte los colores. Las canciones, una tras otra, crean un muro de sonido que se queda de fondo, como una congestión que no te deja dilucidar la dirección de la música. Unas veces grandiosa, otras pequeña y sutil, los cambios se suceden sin apenas pausa.

Lunecesito Cachito’s: Book of Youth. Pop con mayúsculas.

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Señoras y señores, indies y mainstreams, enamorados de la música en general, apunten: Víctor Ramírez, clase ‘91, valenciano y una de las grandes perlas, no solo de Demian Records, sino del pop patrio.

A sus veinticuatro años colecciona un dúo (Oh Libia!), un grupo (Tórtel) y un súpergrupo (Coleccionistas). Todo ello sumado a haber conseguido que gente como Ken Stringfellow y Joaquín Pascual accedan a producir sus trabajos. Y, por si fuera poco, también le ha dado tiempo a grabar un álbum en solitario, el cual será nuestro protagonista de este Lunecesito Cachito’s: Book of Youth. Una madurez y un talento más que evidente para un pop sencillo pero intenso.

Vale, sí… Una vez más estamos ante uno de esos casi en los que cualquiera podría pensar que estamos exagerando y que seguramente estamos ante un disco realizado con premura y de cualquier manera, pero para nada es así. Estamos sin lugar a dudas ante uno de los discos nacionales que más nos ha impresionado en lo que llevamos de año y que sin duda estará entre nuestros favoritos de 2015. Os preguntaréis que es lo que nos ofrece RAMÍREZ en su primer disco para habernos convertido en unos incondicionales para su causa a las primeras de cambio, y la respuesta que os podemos dar es muy sencilla: pop con letras mayúsculas.

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Las canciones poseen un esqueleto que sirve como puente entre la canción indie americana de baja fidelidad –lofi- y proyectos más personales, más domésticos de monstruos de la canción como Vic Chesnutt o Mark Oliver Everet aka. Eels.

Un melancólico toque lo-fi sobre la voz genera un delicado efecto muy del estilo Galaxie 500. Se puede apreciar también ese espíritu juguetón de sonidos distraídos que hace que el pop de los Beach Boys, muy presente también en más de un tema, siga sonando mágico cincuenta años después. En ‘Let´s go bowling‘ podemos apreciar una leve línea de sintetizador que lleva toda la canción a convertirla en una especie de sujeto intangible que elevaba el noise a la categoría de arte en los discos de The Jesus & Mary Chain y que, aquí, eliminando la distorsión, revolotea todo el tiempo sobre la melodía repetitiva de ‘Sundogs‘. Es Eso.

Leíamos en una entrevista para ABC lo siguiente: «Después de haberlo escuchado mucho, creo que debería haberlo rematado más, confiesa». «Sé que ser perfeccionista es algo que muchas veces juega en contra de la música. Porque muchas veces la gracia de las canciones es un magnetismo y una espontaneidad que no se consigue dándole muchas vueltas a las cosas. Pero no puedo evitarlo». Si no es del todo perfecto, lo más cerca de la perfección que podremos llegar a encontrar en mucho tiempo es ‘How To Get Over A Breakup‘. Empática, envolvente y rematada a base de coros multicapa que la convierten en toda una oda al pop lo-fi con puertas abiertas a la modernidad. Exactamente a lo que suena RAMÍREZ mientras este  Book of Youth gira bajo la aguja de nuestro tocadiscos.

Maravilloso.

Heart Core Vol. II – Volvamos a la pista.

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“La música, un motor vital, en continuo cambio y transformación, forma parte de nuestras vidas, para algunos su banda sonora y para otros tantos, su pasión. La música forma parte de la identidad de cada individuo y nos conforma según nuestros gustos y experiencias.

Su capacidad de generar emociones hace que sea capaz de mutar los propios estados sensitivos y embargarnos en experiencias y en momentos que jamás serán olvidados.”

Heart Core

Estas premisas fueron los motores de nacimiento y acción de Heart Core, el debut el pasado 11 de diciembre resultó ser una sorpresa para sus creadores por la gran acogida y respuesta del público, 200 entradas anticipadas y 366 personas a la 1.30 h en la Sala López, completando aforo de la sala durante la noche.

Estos componentes, crearon la atmósfera perfecta para una noche donde la música mezclada por algunos de los mejores Dj’s del panorama nacional, ELYELLA Djs, SIMØNE y BUFFETLIBRE dieron contenido a este nuevo proyecto.

Con el éxito de la pasada experiencia vuelven a la carga para seguir creando este nuevo circuito musical y sensorial en la ciudad de Zaragoza. Heart Core Vol. II presenta de nuevo un cartel con los mejores Djs del panorama nacional dentro de la escena alternativa indie/electrónica.

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Photo by: Heart Core

LEY DJ

En tiempos como estos, en los que se espera del DJ un plus de espectáculo del que carecía hace unas décadas, reconforta toparse con profesionales que hacen de sus sesiones mucho más que meros fuegos de artificio. Ley DJ, al contrario que muchos posers, no solo domina como pocas la materia prima que maneja: también sabe olfatear el factor ambiente para adaptarse como un guante al espíritu que preside cada recinto, cada noche, cada ocasión. En esas extenuantes ceremonias del baile que trama, presididas por un sesgo freestyle que casa por completo con lo alternativo, lo mismo caben lo más rabiosos y actuales petardazos de indie dance como los clásicos pop rock de toda la vida e incluso los guiños a la electrónica ochentera. Su única regla es la implacable ley del ritmo, la pulsión emocional que hace de su público un rehén incondicional de su buen hacer en la cabina, desde la que siempre hay espacio para la sorpresa, los remixes, insospechados y la interacción permanente con la pista. Cadencias euforizantes que despliegan toda su efectividad in crescendo, logrando la no siempre fácil misión de que todo el mundo acabe con los pies bien despegados del suelo.

EME DJ

La gallega Marta Fierro, más conocida como EME DJ es una de las Djs más importantes en la escena indie-electrónica-disco. Es votada Mejor Dj Nacional del 2010, 2011 y 2014 según la revista ROCKDELUX y nombrada por Go Mag entre los mejores 10 Djs nacionales. Nominada también a Dj revelación por los precios Vicious Music Awards. Actualmente compagina diversas actividades musicales con viajar con su maleta de discos por todos los clubs, eventos y festivales del país. También está cada vez más metida en el mundo de la producción y remezclas para otros grupos. En marzo de 2013 vió la luz su primer EP, ‘Giant’, de la mano de Subterfuge Records y Cuac Musica. En 2014 ‘Swim’ de nuevo con Subterfuge Records y en 2015 ficha con Sony Music para lanzar ‘Ready for Summer’ el hit en el que colabora con el productor Klein (Joaquín Pizarro). Es autora del libro “Mamá quiero ser DJ” editado en 2015 por Lee/me Libros.

EDU ANMU

EduAnmu es referencia en la zona norte de la península, sus mezclas intrépidas y llenas de ingeniería musical, crean sesiones de indie-rockelectrónica cuyo ritmo es el que crea el leiv motiv del hit continuo. El Dj de referencia en la zona norte de la península , residente del Club Maldeamores de Logroño, y habitual en la programación del sofisticado Wine Fandango, y del Panorama Club, 101 Friday´s Club (Bilbao), 8B (Vitoria), Super 8 y Sála López (Zaragoza) y multitud más. Calidad técnica y una incansable búsqueda de nuevos lenguajes hacen que cada vez sea más habitual su presencia en festivales como Ebrovisión, Festival Actual, Fardelej, Octubre Corto, Santander Music Festival 2015. Su pasión por la cultura se expande a otros terrenos artísticos y literarios, su gran faceta de escribir le ha llevado a ser en muchos casos más conocido por su blog “music blows me up, la ilusión de lo indie” donde pone palabras a todo lo que escucha.