Lunecesito Cachito’s: Salvajes. Los Sonics son unos salvajes.

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La primera vez que escuché el nombre de The Sonics fue a través de The Black Keys. El álbum Thickfreakness contenía un petardazo de Rock’n’Roll titulado ‘Have Love, Will Travel’ con el que quedé prendido desde los primeros punteos de la canción. Investigando, descubrí que en realidad era un cover de una banda de Tacoma, a la cual también habían versionado los Fuzztones -pensareis: “¿conocía a los Fuzztones y no sabía nada de los The Sonics? Patético”. Totalmente. Soy consciente de ello- o incluso The White Stripes los ponían en su Top1 de influencias -Mr. Jack White, te debo tanto-. Así que me apresuré a buscar más y más sobre los Sonics. Y seguramente sea el mejor tiempo invertido en mi vida.

Unos 50 años después de debutar con aquella obra maestra -o a mi parecer, patrimonio de la Humanidad- titulada Here are The Sonics!!!, y 35 años desde su último Sinderella que allá por 1980 ayudó a poner los primeros cimientos del revival garagero ochentero, han vuelto a lo grande, desgastando callo en dedo y reventando cuerdas vocales.508310212_640

Las expectativas no eran muy altas ya que la avanzada edad de la mayor parte de sus componentes, sumado al decepcionante EP -al menos para un servidor- que sacaron hace cuatro años titulado 8, hacían proveer otro álbum de aquellos que pasarían sin pena ni gloria por los sótanos de todo el mundo. Una banda diezmada a tres de sus componentes originales -Gerry Roslie al teclado, Larry Parypa a la guitarra y Rob Lind a los coros, saxo y armónica- y unas producciones que se acercaban más a Black Sabbath que a ese sonido salvaje tan característico suyo, restaba en su música. Y gracias a Elvis, me han vuelto a cerrar la bocaza.

This is the Sonics es toda una auténtica reivindicación de trono. Una bomba nuclear armada lista para devastar medio planeta con salvajadas como ‘I Don’t Need No Doctor’, un rock and roll que tras partir con un riff con mucho óxido acaba montándose a lomos de un killer piano sublime, una garganta prodigiosa y a punto de explotar, coros, panderetas y el increíble saxofón de Rob Lind haciendo de cuerpo de la canción. Ya conocíamos ‘Bad Betty’, tema que The Sonics nos ofreció hace unos meses como aperitivo del suculento menú que estaba por llegar, en la que el desarrollo garagero del mismo termina con un desgañite salido del alma del mismísimo diablo, una de las bombas del disco sin lugar a dudas. Una pedazo de versión de las cuales sientan cátedra como ‘You Can’t Judge A Book By The Cover’, o llegar a dejar al bueno de Jerry Lee Lewis a la altura del betún con un temazo como ‘Sugaree’ son solo algunas de las joyas que nos encontraremos en este incendio de gritos titulado This is the Sonics.

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The Sonics han vuelto más fuertes que nunca, han recolectado todas esas etiquetas adjudicadas a lo largo del tiempo, han creado una hoguera enorme donde las han arrojado para gritar bien alto que ellos no hacen ni rock primitivo, ni garage, ni proto-punk. Ellos hacen salvajadas. Doce salvajadas que no pueden dejar indiferente a nadie que las escuche y que recogen la crudeza que siempre los caracterizó entre berridos, saxo, órgano hammond y guitarras a todo volumen.

Señoras y señores, pongan a todo volumen sus tocadiscos, déjense a un lado una toalla para secar sudores, y no se olviden de apagar las luces al salir de su sótano.

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